STORYTIME
(El día que conocí al Tilo y comunicación directa con las plantas)
Hasta hace un par de años no conocía a Tilo. O sea, lo conocía porqué lo había estudiado y lo había tomado en infusiones y sabía que ayudaba a controlar las palpitaciones que sentía cuando me subía el estrés pero no conocía el árbol. Ni idea de cómo era ese árbol.
Un día caluroso de Noviembre sentí el aroma dulce de miel mientras subía en la bici por una calle, la cuál he subido con la bici semanalmente (por lo menos) desde el año 2014 cuándo llegué a Escobar. Pasando un árbol cualquiera, del tipo que rodea las calles urbanas y que no suelo dar mucha bola, unas campanitas color crema se me clavaron en la vista y recibí una introducción clarísima “Hola! Soy Tilo.”
Rarísimo porque las hojas de verde oscuro forma de corazón no se veía nada cómo las hojas largas y pálidas que venían en el sobrecito de “té” que había comprado online. Quizás me estoy enloqueciendo. Seguí a casa.
Cuando llegué, fui a preguntarle a la abuela Google y las imágenes eran iguales a las del árbol que se me había presentado en la calle.
Al siguiente día volví al sitio con ganas de averiguar y justo me crucé con el dueño. Me invitó a cosechar de su árbol y hablamos de las plantas y las podas y los vecinos.
Ese verano seguí mi nariz cada vez que salía en la bici y descubrí que hay un tilo en casi cada calle de mi pueblo.
Y ahora ya nos conocemos, el Tilo y yo. Él llega en esta época todos los años. A principios de diciembre cuando todas las tareas empiecen a montarse y ando por la calle con mil pensamientos el aroma del tilo me atraviesa y estoy catapultado al presente. Empiezo a escanear mi entorno hasta que lo encuentro en la próxima cuadra y me desvío para verlo y saludarlo y si me dice que está todo bien quizás estaciono la bici y cosecho un par de sus flores color crema aroma miel con su hoja verde claro acuarela. Y le digo gracias por su medicina que fue justo lo que andaba necesitando.